Una palabra poco usada y sin embargo tan bella, por cuanto expresa su significado.
Aunque la RAE no reconoce el término #querible, sin embargo, es de uso frecuente en muchos países para referirse a
"aquel o aquello que es digno de querer"
Por añadidura, humanamente sería admitido decir que «una persona querible, es una persona digna de querer».
Y ¿qué si no merecemos todos los seres humanos? sino ser «dignos de querer».
Querible en la familia, en la escuela, instituto, universidad, en el trabajo. En cualquier ámbito de la vida en el que nos encontremos.
Querible en los grupos a los que pertenecemos.
Querible en RRSS, ¿Por qué no? también, que la vida nos mueve por muchos entornos.
Y esa dignidad que todo ser humano tiene, por el solo hecho de serlo, no tiene que estar condicionada. Ni por cuestiones sociales, intelectuales, raciales, religiosas, políticas, …
Todos por igual, desde el más absoluto y mutuo respeto, somos queribles.
Pero ser querible no tiene porqué implicar a nadie elevarse al summum de bondad, ni estar libre de una pizca de maldad.
Somos queribles desde que nacemos, lo que sucede es que se nos olvida conforme vamos programando nuestro cerebro e intelecto con el paso del tiempo.

La vida nos induce a pensar mal de los demás, a rivalizar, a seducir y manipular, a engañar, a competir, a luchar por defender lo «nuestro», lo «mío», por encima de los derechos ajenos, …
Y esta hermosa palabra, que sería necesario reivindicar a diario; «querible», se va diluyendo social e interiormente, con tantas interferencias: Informativas, laborales, sociales, …
La sociedad no quiere conocer cuán queribles son sus ciudadanos, sino cuán dóciles y sumisos lo son.
La sociedad no desea unos individuos pensantes y bondadosos, sino seres competitivos y provistos de maldad.
El slogan «al trabajo hay que venir cagado y querido de casa» muchas empresas lo han integrado -cual mantra- puertas adentro, obviando por completo que las personas son seres sintientes, emotivas, viscerales y queribles.

Obviamente (aun sabiéndonos queribles) no podemos pretender ser queridos por todos, siempre, a todas horas y en todo lugar.
«Ca’ uno es ca’ uno«, como decimos por Andalucía. No basta ser querible para ser respetado por los demás.
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Hay que trabajar para ganar ese respeto. Esa confianza, en nosotros, de los demás.
No se busca ser querible. Es consustancial e intrínseco a cada individuo.
Se nace y se es «querible».
Se sustenta en el tiempo, con la confianza que vamos generando en los otros, con nuestras muestras de generosidad para con el prójimo, nuestros gestos solidarios y de compromiso con los demás individuos.
Y siendo queribles, no podemos olvidar que ese ser «digno de querer», empieza en nosotros mismos.
Más que nadie en este mundo, quién debe querernos a nosotros mismos, somos nosotros mismos. ¿Quién si no lo hará mejor?
Por tanto, a pesar de las circunstancias ajenas externas, a pesar de los avatares y vicisitudes de la vida, seamos por encima de todo «queribles» con nosotros mismos.
Por extensión, quienes nos rodean, serán para nosotros mucho más queribles.
