Si de algo hemos de estar seguros es que el
futuro es incierto
y no cierto
En gran medida el devenir de los acontecimientos venideros dependen sobre todo de nosotros mismos, de nuestro enfoque, de cómo vemos la realidad que vivimos, de la forma en que afrontamos el porvenir, de nuestra preparación y resiliencia, nuestras propias habilidades y herramientas personales.
Aunque no todo está en nuestras manos o capacidades para lidiar con los futuribles. Es muy importante saber discernir y elegir para ver si acertamos o no ante cualquier camino que escojamos.

Al hilo de la p4nd3m1a actual de K0v1d, tenemos estos datos a fecha reciente en España:
Dosis administradas: 98,1 Millones
Vacunados completamente: 38,2 Millones
% de población vacunada completamente: 80,7 %
A nivel mundial las cifras son:
Dosis administradas: 9.890 Millones
Vacunados completamente: 4.100 Millones
% de población vacunada completamente: 52,5 %
Las razones por las que se han logrado estas cifras de inocul4c10nes en la población, estriban en considerar un futuro incierto –en lo sanitario– , estimando necesaria –mayoritariamente en bloque– para proteger su salud y la de familiares, recibir las dosis estipuladas por las autoridades como protección contra el C0r0n4v1rus S4rs-C0v2. Y porqué no decirlo, muy a pesar nuestra, casi siempre a causa del miedo.
Resulta paradójica la reacción de las personas frente a este futuro tan incierto ahora como siempre, que es el mantenimiento –a lo largo del tiempo– de la salud.
Jamás, en masa, se ha inyectado en la población mundial un medicament0 en fase experimental, sin los estudios suficientes de seguridad.
Es responsabilidad de cada individuo investigar el riesgo y necesidad de inyectarse en sus cuerpos, –para proteger su salud– con un producto que no ha sido aprobado aún como v4cun4, sino como «v4cun4 provisional» en fase experimental.
Ese futuro que nadie conoce, ni a nivel de salud, ni laboral, ni familiar, ni económico o financiero, es sumamente maleable por parte de las aut0r1d4des.

Todos leemos las noticias escritas en periódicos, medios online, vemos y oímos la radio o la Televisión y todos somos conscientes de la gravedad de esta p4nd3m1a mundial.
Es un hecho constatado. Estamos sufriendo y mucho toda esta situación desde hace dos años.
La maleabilidad de la ingeniería mediática informativa, brillantemente al servicio del poder político, ha incidido sobre manera en la forma que hemos auto-pintado nuestro futuro a raíz de la llegada a nuestra cercanía de contagios de k0v1d-19.
Pensando que el futuro tenía que ser el ideal en cada momento para nosotros y los nuestros, hemos accedido a inocularnos todas las v4cun4s anunciadas, porque nos jugábamos ese futuro incierto de por sí que es la vida misma. Porque presuponíamos que así estaríamos protegidos, inmunizados, y libres de poder contagiarnos o al menos de que los efectos de un posible contagio resultarían más leves y moderados.
Y en esta asfixiante irrealidad mediática en que vivimos, cientos de miles de niños menores de 12 años han sido in0cul4d0s.
Pues resulta que a fecha 20 de enero de 2022, la misma 0MS desaconseja las in0cul4c1ones a esta franja de edad. Pero claro eso es algo de lo que la TV o medios «oficiales» de 1nf0rm4c10n no nos van a alertar.

Y el futuro sigue navegando en su inmensa incertidumbre. Sumido en la diatriba diaria de qué acontecer vendrá al día siguiente, que pueda hacer tomar a los individuos una elección acertada basada en un juicio libre y meditado o hábilmente manipulada y dirigida a las masas.
¿Quién puede garantizarnos que el futuro será mejor o peor del que vivimos actualmente?
¿Quién puede garantizar que este v1rus desaparecerá para siempre de nuestras vidas o si vendrán otros peores y más devastadores?
¿Quién puede afirmar con garantías que la v4cun4c10n ha logrado su objetivo de crear inmunidad de rebaño?
¿Quién?
Nadie
La vida continua, mal que nos pese. Depende de cada cual cómo mirar hacia el futuro.

Si nos guiamos siempre por lo que la mayoría hace, quizás sea porque
