Un cuento chino

Corría el año 2019, allá por diciembre, cuando de China llegaba una triste noticia.

Un laboratorio en Wuhan, al parecer, había dejado escapar (según dicen algunas versiones) accidentalmente un v1rus. Se hablaba a la par que el v1rus saltó de un murciélago a un ser humano o bien que fue un pangolín el causante de la transmisión.

Fuera lo que fuera lo que originó el descubrimiento aún es un misterio.

que sigue sin resolverse

El caso es que en cuestión de días comenzaron a llegar informaciones de muertes causadas por ese nuevo C0r0n4v1rus en aquella ciudad del sureste asiático y el nacimiento de una nueva enfermedad, C0V1d-19, que iba a cambiar –para siempre– la vida de este mundo tal como lo conocíamos hasta entonces.

Resultó llamativo conocer al poco tiempo que Wuhan es una ciudad altamente contaminada a nivel ambiental.

Resultó igualmente llamativo que el número de fallecidos en China a causa de la contaminación, especialmente en esta zona, alcanzara cifras verdaderamente elevadas anualmente.

Más de 100.000 chinos mueren al año por la contaminación de las fábricas que producen para la UE y EE UU

hablan las cifras (Fuente: El páis)

A primeros de febrero de 2020, descubrimos los primeros casos de infección por C0V1d en Italia. Región de Lombardía. Curiosamente -de nuevo- una zona altamente contaminada ambientalmente.

Cuando el mundo empieza a cuestionarse -por miedo- ¿qué está pasando? ¿cuánto durará ésto? ¿qué debemos hacer para protegernos? … comienzan los gobiernos de turno, en cada páis, en cada estado o nación. a preparar protocolos de actuación. Todo el mundo estaba asustado por la declaración de la 0MS de una p4nd3mia mundial.

Comienzan a llegar a España los primeros casos de contagios C0v1d. Primero Madrid, luego resto de capitales de provincia y pueblos.

Todos asustados. Algo invisible y mortífero nos estaba acechando y podía andar sobre nuestras cabezas, sin que notásemos su presencia.

España declara un Estado de Alarma (sin precedentes en nuestra actual democracia) en marzo de 2020.

  • Nos quedamos en casa, confinados y encerrados.
  • Sin derecho a salir a la calle, salvo para atender las compras personales y de nuestros mayores.
  • Sin posibilidad de contacto con el exterior, salvo a través de llamadas o videollamadas.
  • Nos comenzamos a solidarizar con quienes están al frente de esta situación sanitaria, aplaudiéndoles todas las tardes desde nuestros balcones y dándoles todo nuestro apoyo y aliento.
  • Nos habituamos a llevar mascarilla para trabajar, para acceder a supermercados, para andar por la calle.
  • A usar geles hidro alcohólicos para desinfectar nuestras manos
  • A lavar la ropa al volver del trabajo y cambio de muda
  • A higienizar cada producto comprado en cualquier tienda

Fuera como fuera, la cuestión es que aprendimos pronto qué había que hacer para frenar los contagios y cumplíamos las recomendaciones dadas por «expertos» (que resultó que no eran tales) para detener entre todos la propagación de la enfermedad.

De pronto comenzó a resonar en la población que la solución estaría en una v4cun4. Sólo ésta podría detener el avance de la p4nd4m1a mundial. Se estaba acelerando su estudio por parte de diversos laboratorios en todo el planeta, para lograrla obtener a la mayor brevedad posible.

En cuestión de 12 meses, la solución llegó.

Cuando normalmente se necesitan de 5 a 10 años para aprobar definitivamente una v4cun4 para su comercialización e inyección en la población humana, éstas v4cun4s C0V1d fueron preparadas y autorizadas (no contaban con aprobación aún) en tiempo récord de 1 año.

Y comenzó el festival de pinchazos.

Todos deseaban tener su protección, contar con la salvación propia y así quedar inmunizado, pensando en su propia vida, antes -por supuesto- que en la vida de los demás. Ahí estaba la trampa.

Con el miedo y pavor acumulado durante meses, pues todos querían su dosis para protegerse.

«Yo me inmunizo y de paso te protejo a tí» «Somos solidarios»

Al poco tiempo, la gente comienza a conocer noticias de contagios en gente v4cun4d4 completamente y todo el mundo se va percatando del goteo constante de cifras en TV y periódicos donde dicen lo contrario, que son los no v4cun4d0s los que están contagiándose y poniendo en peligro la erradicación de la enfermedad.

Muchas personas decidieron libremente no inocularse con estas inyecciones porque consideraban innecesaria para su salud y sistema inmunológico, una protección extra que no le iba a dar un líquido que aún no estaba aprobado como v4cun4, sino como «experimento génico» (ARNm), con lo que empiezan a sufrir consecuencias de esa decisión tomada en consciencia y en ejercicio de su libertad como ser humano.

Con la v4cun4c10n llegó el pasaporte C0v1d. Un documento que acreditaba a cada persona inoculada como buen ciudadano para el Estado, al haber colaborado en el experimento y el cual te proporcionaba carta de libertad para:

Viajar, acceder a espectáculos, ocio nocturno, bares, restaurantes, gimnasios, …

cuestiones que no podrían realizar quienes no hubieran querido v4cun4rse.

Éstos indeseable seres humanos, insolidarios, negac10n1stas, conspiranóicos, ... ¿quiénes se han creido que son? No merecen ni ser atendidos en ningún centro de salud o recibir atención hospitalaria. Son unos asesinos andantes, van por ahí contaminando y poniéndonos en peligro a todos los que estamos v4cun4d0s. Son lo más malo que hay encima de la tierra.

Suenan esas voces cargadas de recelo e indignación por doquier.

Nos la colaban sutilmente a través de la caja tonta (TV) cada día, a cada minuto y hora, en un canturreo incesante y cansino.

Las tasas de contagios están subiendo.

Los jóvenes son los que tienen la culpa. ¡Que se v4cunen ya todos!

Los niños también, que si no van a matar a sus abuelos.

Y claro, la gente sucumbía a tanta presión.

Presión por miedo principalmente a algo desconocido. A un v1rus que tenía una letalidad mundial de 0,07%.

Todos los años moría gente en España a causa de la gripe estacional. Decenas de miles.

Y en el mundo por

– Hambre

– Cáncer

– Tuberculosis

– Suicidios

– Tabaquismo

Todos los años moría gente en España de otras enfermedades, … pero desde 2020, sólo se hablaba de C0v1d y te lo contaban tan alegremente en las televisiones.

Dedicaban cada día una media de 15 minutos a machacar en cada cuña informativa o programas en cualquier franja horaria, sobre el asunto, a contar lo saturados que estaban los hospitales, a informar que ya estaban llegando las v4cun4s a cada tanda de edad.

Aquellos que se pincharon sus 2 primeras dosis les llegó la hora de la 3ª, luego vendría la 4ª, 5ª, … al igual que iban anunciando olas de contagios por regiones, más dosis tenían que inocularse, si no el pasaporte les caducaba y no podían acceder a los espacios blindados y protegidos donde ellos querían estar.

Como buenos ciudadanos acudían voluntariamente a recibir sus dosis de refuerzo y a la par iba acrecentándose en ellos el odio hacia el no v4cun4d0.

Comenzaron a mirar mal al hermano, cuñado, compañero, hijo, padre, … que no había acudido a ponerse la v4cun4, como «todo el mundo» -según ellos-.

Y surgió el verdadero distanciamiento social, el fraternal, el de corazón, el del respeto, el que siempre existió entre seres de bien.

Todo por un v1rus que jamás se demostró su existencia.

Y colorín colorado este cuento chino, que nunca debió existir, aún no ha acabado.

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